La Tercera Ola

Otro weblog más de WordPress

Solidaridad versus Igualdad de oportunidades

Clasificado bajo: General — admin a las 12:39 am el Martes, Septiembre 7, 2004

· La Solidaridad y la Caridad: ¿dos versiones de lo mismo?

La solidaridad o la caridad son la respuesta a un sentimiento humano negativo por el hecho de saber que hay otros individuos que tienen insatisfechas más necesidades o que disponen de ingresos más bajos, y estar dispuesto a ceder parte de la riqueza propia para aumentar la riqueza ajena.

En principio puede parecer, y de hecho así es en el fondo, que ambos conceptos significan diferentes cosas. La caridad, entendida al estilo de Santo Tomás, es una virtud sobrenatural por la que amamos a Dios por sí mismo sobre todas cosas y al prójimo por amor de Dios. Sin embargo, lo que solemos entender habitualmente por caridad es simplemente dar limosna o ayudar al necesitado. En el sentido católico del término la caridad implica una cierta privación del que dona. Es decir, idealmente consistiría en privarse de algo para poder ayudar a otra persona.

La solidaridad sin embargo es un término más moderno que consiste en aunar esfuerzos y recursos para lograr un fin común (político, social, económico o jurídico). Por ejemplo se puede hablar de solidaridad con el colectivo de trabajadores del metal, que luchan por una reforma concreta. También tiene la connotación de ayuda a las personas, colectivos o países que tienen menos recursos económicos. En este sentido una diferencia de la solidaridad con respecto a la caridad es que la primera no requiere esa privación que exige el cristianismo.

Dejando de lado las diferencias originales en los términos, nos centraremos en el significado que ambos tienen de “ayuda a los necesitados”. En este sentido, la solidaridad es una simple adaptación moderna de la caridad cristiana. Ambas consisten en que uno o varios individuos, con unas condiciones de vida relativamente buenas y un nivel económico de primer mundo, donan unas migajas de lo que les sobra para sentirse mejor o para no sentirse tan culpables. Es más, después se sienten generosos y felices: contribuyen a mejorar la situación de alguien en el mundo. Y eso es cierto, efectivamente prestan una gran ayuda a alguien, pero nunca solucionan los problemas de raíz.

· ¿La solidaridad o la caridad pretenden atajar realmente los problemas?

Supongamos que el ayuntamiento de Villahorcajo de Arriba dona el 0,7% de su recaudación a una ONG para que haga un pozo en un pueblo de Nicaragua: ¡estupendo!. Ahora 200 nicaragüenses podrán beber agua potable y regar sus huertos. Pero ¿qué pasará con los otros cinco millones de nicaragüenses?. Si tienen que esperar a que haya generosos occidentales dispuestos a ser caritativos y solidarios con ellos lo llevan claro.

La solidaridad y la caridad sirven para que un ínfimo porcentaje de la población mejore mínimamente, y siempre temporalmente, algún problema puntual, pero no atajan de raíz la pobreza y el atraso. La razón de ser principal de la caridad (o solidaridad) probablemente obedezca a la necesidad que tenemos las personas de sentirnos bien y de auto-justificar nuestra posición privilegiada con respecto a otros semejantes. Y es que, efectivamente, tenemos una gran parte de culpa. Los antiglobalización dirían que consumimos demasiado y que no compartimos, pero ¿realmente estamos programados para compartir?. Más bien al contrario, nuestra existencia, debido a nuestra propia naturaleza, es una lucha sin cuartel por la supervivencia. Tendemos a acumular y a mejorar constantemente nuestras condiciones de vida. Así es y así debe ser. No se trata de ser generosos y de compartir lo que nos ha costado generaciones conseguir, sino simplemente de permitir a los que no gozan de esas ventajas que lleguen a alcanzarlas, sin ponerles trabas. En resumen se trata simplemente de garantizar la igualdad de oportunidades entre todos los seres humanos.

· La igualdad de oportunidades: primer mundo – tercer mundo

¿Por qué no hay igualdad de oportunidades en el mundo?. Principalmente porque nosotros, los de los países desarrollados, ponemos las reglas de juego en los intercambios económicos. Para jugar con ventaja, imponemos aranceles a muchos productos que producen los países menos desarrollados a mejores precios, y así nuestros ciudadanos pueden seguir compitiendo en nuestros mercados. Y por si fuera poco subvencionamos con ingentes cantidades de dinero a todo lo que no funciona, como la agricultura deficitaria (el 43 % del presupuesto de la Unión Europea se va en la PAC –Política Agraria Común-). Con esto nos engañamos a nosotros mismos, ya que si algunos cultivos no son rentables deberíamos buscar nuevas ocupaciones para los que viven de ellos en vez de perpetuar la no rentabilidad. Y además perjudicamos enormemente a los habitantes de otros países menos desarrollados puesto que no sólo no les dejamos vender sus productos en nuestros mercados, sino que algunos de nuestros artículos invaden los suyos a precios más bajos, por estar subvencionados.

Nuevamente podemos observar que la posible solución al problema del hambre y el atraso tecnológico no pasa por una combinación de restricciones, prohibiciones, controles y solidaridad, sino precisamente por generar más libertad: más libertad de circulación de personas, más libertad de localización y movimiento de empresas, más libertad en los mercados y más apertura a los productores que ofrecen materiales a mejor precio. Esta libertad debe ir acompañada de una auténtica igualdad de oportunidades, que en este caso pasa por acabar con los aranceles, el proteccionismo y las subvenciones.

Ya lo decía Benjamin Franklin: “yo creo que el mejor medio de hacer bien a los pobres no es darles limosna, sino hacer que puedan vivir sin recibirla“.

Contra el hambre libertad y tecnología. La caridad y la solidaridad ya no sirven.

Cerrado a comentarios.