Mirando más hacia Ucrania y menos al Elíseo
Tras dos meses de ausencia como blogger por motivos varios, vuelvo a la carga para comentar el no francés al tratado constitucional de la Unión Europea.
Cuando tuvo lugar el referéndum en España no llegué a publicar unas líneas que había escrito explicando por qué había decidido no ir a votar. En aquella ocasión me sentía decepcionado fundamentalmente porque consideraba que como ciudadano mi gobierno me estaba tomando el pelo: decidieron preguntar la opinión de los electores sobre un texto pesado e ininteligible, gastaron millones de euros de todos nosotros para explicarnos la Constitución (¿recuerdan aquel “Sí a Europa”?), el referéndum no era vinculante y el texto contenía algunas joyas inaceptables: es prácticamente imposible de modificar, no respeta la separación de poderes y sobretodo perpetúa una idea de Europa basada en el modelo francés de “aglomerado de estados-nación” bajo un régimen de despotismo ilustrado sin ilustres y con ideales propios del Siglo XX.
En aquel momento los españoles, aun sin conocer el texto ni sus consecuencias, siguieron las recomendaciones de ZP y Pepe Borrell y los pocos que fueron a votar lo hicieron afirmativamente bajo la amenaza de un apocalipsis político para España si rechazábamos el tratado.
Francia sin embargo es un país muy diferente, con una cultura democrática mucho más profunda que la nuestra y con una mayor exigencia sobre su clase política. A estas alturas ya no sorprende a nadie la comparación en los debates sobre la Constitución en ambos países: mientras en Francia Chirac se enfrentaba en televisión a jóvenes preparados que lo llevaron a mil encerronas, en España los debates eran del calibre del ponente Borrell por el sí contra Lucía Etxebarría (gran politóloga e intelectual donde las haya) por el no. No es de extrañar que Francia, un país donde el debate ha llegado a la calle y en el que ha votado más de un 70% del censo, haya rechazado el farragoso e interminable tratado constitucional, aun siendo este un reflejo de su modelo político.
Pero me cuesta ser optimista a pesar de que los europeos estemos rechazando este modelo de Unión que nos quieren colar los eurócratas. Ahora se abrirá un periodo de redefinición, la clase política tratará de volver a construir un tratado con vistas a una ratificación más segura. Pero es muy improbable que cambien el enfoque, porque de las instituciones de Bruselas solo puede salir una Europa burocrática y déspota. Por desgracia nuestra clase política va unos años por detrás de la sociedad. Mientras la nueva Europa mira hacia las revoluciones de colores con la ilusión de un trabajador polaco en Hamburgo o de un comerciante paquistaní en Barcelona, mientras hay una nueva Europa capaz de derribar gobiernos mafiosos en la antiguas repúblicas soviéticas, mientras los euroárabes llevan al mediterráneo africano nuevos aires de libertad y mientras los blogs y las parabólicas transmiten los nuevos mitos y valores, la clase política europea está anclada en el S. XX. Si lo que quieren es que la próxima vez todo salga bien deberían mirar más hacia Ucrania y menos hacia el Elíseo.






Enrique Gómez 2005
Junio 15th, 2006 a las 17:31
[…] Yo no votaré en el referendum del 18 de junio sobre el nuevo estatuto de Cataluña. El primer motivo de mi abstención se debe a que no me dejan acudir a las urnas, ya que al estar en Alemania no puedo votar ni presencialmente ni por correo. De todas maneras, si ese día estuviera en Barcelona con toda seguridad tampoco iría al colegio electoral. ¿Por qué?. Principalmene porque, al igual que ocurrió con el referendum de la Constitución Europea, estoy completamente en desacuerdo con el proceso que han seguido todos los partidos y sus líderes para llegar a esta consulta. […]