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Los journals científicos y el copyright

Clasificado bajo: General — admin a las 9:36 pm el Miércoles, Diciembre 7, 2005

En el mundo de la ciencia y la investigación el tema de los derechos de autor presenta una complejidad algo mayor que en el ámbito empresarial. Los investigadores, repartidos a lo largo del planeta en universidades, institutos de investigación y empresas, publican normalmente sus trabajos en revistas especializadas. Estas revistas, que están casi en su totalidad escritas en inglés, se denominan en la jerga journals, y cada artículo paper. Hay miles de revistas y su grado de especialización es muy alto.

El sistema de funcionamiento de estas publicaciones, su difusión, los derechos de autor, y su consulta y reproducción son algo curioso. Cuando un autor o grupo de autores escribe un artículo lo envía a una revista, y lo recibe el editor principal, que suele ser un investigador de alguna universidad o centro. Éste recibe el artículo y decide quiénes van a ser los revisores. Para eso elije a dos o más académicos experimentados a los que les envía el paper en cuestión, y les deja un tiempo para revisarlo. Estas personas, denominadas referees, elaboran un informe sobre el artículo y deciden si es apto para ser publicado y qué modificaciones deben hacer los autores para que sea científicamente correcto. Después del proceso de revisión y modificaciones, el editor principal decide si el artículo se publica o no. Aunque consumen muchas horas de trabajo, la mayoría de autores, editores de revistas y revisores no cobran nada por trabajar con estas publicaciones. Las ganancias que obtienen estas personas se traducen principalmente en más curriculum y publicidad, que luego les permiten conseguir puestos mejores y financiación para sus proyectos de investigación.

Los precios de suscripción a estas revistas suelen ser estratosféricos, y eso hace que los clientes casi exclusivos de estas publicaciones sean las bibliotecas de facultades y centros de investigación. Sin embargo, cualquier persona puede acudir a una de estas bibliotecas, realizar una búsqueda en las bases de datos, acceder a las revistas y fotocopiarse o descargarse gratuitamente de la red los artículos que le interesen. Es decir, los editores y escritores no cobran, pero tampoco pagan los usuarios finales.

En el mundo de la investigación académica todos aceptan estas reglas establecidas de copyright, porque es un sistema basado más o menos en la cooperación. Cualquiera puede reproducir gratuitamente publicaciones, tomar los datos y conclusiones que allí se muestran, re-elaborarlos, utilizarlos (siempre que los cite), mejorarlos y crear un nuevo artículo basándose en el conocimiento existente pero aportando algo novedoso. Es decir, aunque exista el simbolito del copyright el sistema es libre de facto, sin comisión económica directa para los autores y basado en el bricoleur. El único dinero que entra en juego es el que pagan las bibliotecas a las editoriales para que estas puedan imprimir y distribuir los volumenes y mantener los sitios web donde se pueden descargar también los artículos. Sin embargo, este sistema no es la panacea de la libertad, porque muchas personas en zonas desfavorecidas, cuyas universidades no puedan pagar las suscripciones, están excluidas de leer y utilizar estas publicaciones.

¿Qué alternativas existen a este sistema de copyright en la ciencia?. De momento los de Creative Commons han creado las licencias Science Commons: ¿aportan algo bueno?, ¿suponen una revolución?, ¿solucionan algo?. No lo creo.

Puesto que generalmente escritores y editores no se lucran directamente con los journals, y en el fondo buscan la máxima difusión de sus obras, quizá sea el momento de proponer y publicitar un nuevo sistema de copyright para la investigación.

7 Comentarios en “Los journals científicos y el copyright”

  1. r1kzun comentaba que:

    Buena reflexión, pero se me viene a la mente que pasaría si no existieran revistas tan dispares como science y onda “tres pilitas research”. De una u otra forma, el mercado ha fabricado una diferente importancia de donde son publicados los trabajos, en que revista etc. EN si, es un círculo vicioso. Yo veo mas factible cosas como lo que hacen en el “pubmedcentral” donde ya le asignaste un valor “comerciable” a tu trabajo y ahora todo le mundo puede verlo.

  2. jc comentaba que:

    Enrique, no comparto los fundamentos de tu análisis.

    Hablar de “copirraits” (interpretación anglosajona) no es apropiado. En este contexto, es más apropiado aplicar la dicotomía derechos morales/derechos de explotación (interpretación europea).

    En lo que respecta a investigación científica, el mundo académico en general no reivindica el derecho de explotación. Digo en general, porque el grueso de las comunicaciones científicas se realizan en congresos, en menor medida en revista especializada, y sólo en forma de compendio general se llega a producir un libro.

    En los dos primeros casos, los “papers” se distribuyen de forma ajena al evento donde se expusieron, con una facilidad y descaro que haría palidecer cualquier entidad de gestión. El motivo es claro: la total voluntad del autor que ve como su trabajo se difunde y está más sujeto a crítica s que a fin de cuentas es lo que le dan o le quitan validez.

    Cierto, cuando se trata de revistas tienes acceso a la versión de escasa riqueza tipografica que es la que se envía a los editores, pero el contenido es exactamente el mismo (el autor es el responsable supremo de su obra, y los árbitros o revisores pintan poco en ella). De hecho es usual recibir solicitudes verbales (nunca en forma de contrato) en los que se solicita la no difusión personal del trabajo hasta pasados 12 meses desde su publicación en papel (que puede ser perfectamente de meses tras la aceptación definitiva del artículo).

    Los sacrosantos “derechos de explotación” no repercuten en el autor. Ni éste lo pretende, porque su objetivo es divulgar, y la divulgación es su principal beneficio.

    El libro se crea por dos motivos que, en mi opinión, definen dos tipos de libro: el primero es por ordenar y ponerle unas tapas a todo un compendio de cierta especialidad; la tirada del cual en el mejor de los casos es de miles de ejemplares que van principalmente a parar a bibliotecas donde acaban siendo compartidos por la comunidad.

    El segundo tipo de libro es el puramente comercial: el texto dedicado al estudiante que sale por un ojo de la cara, que se redacta intentando que sea lo más ameno, inteligible y apetecible posible porque pese a que valen un pico las tiradas son de decenas de miles cada año y cuya intención es que se venda aunque luego se pudra en los estantes de tu casa una vez has completado la asignatura. Ni que decir tiene que no presentan ninguna contribución científica: son texto “pedagógicos”, no divulgativos.

    Los derechos morales por otro lado raramente han estado en duda: el citar profusamente y con propiedad es una medida, ciertamente algo subjetiva, de la calidad de la comuncación, y en el caso de plagio la comunidad científica carece de lástima con sus transgresores.

    Cuando oigas gritos de editores, no pienses en ese libro sobre “la conformación de espacios no euclideanos y algebras booleanas en el infinito multidimensional”. Por ahí no van los tiros. Los tiros van sobre ese tocho de 70 euros que no te compras si lo sacas de la biblioteca o de la burra. Y los tiros también van sobre esa gallina de los huevos de oro que grandes editoras han constituido con las llamadas “suscripciones digitales” de sus publicaciones. Gracias a las cuales facturan unas cifras al año que ya quisieran para la industria del entretenimiento que hacen lo imposible por explotar comercialmente sus productos por internet, con hasta la fecha escasos resultados.

    Cuando oigas esos tiros, piensa en dinero. Dinero que creen legítimo ingresar cada vez que tú lees.

    Recibe un cordial saludo.

  3. enrique comentaba que:

    Gracias por las apreciaciones, jc. Tienes razón al ampliar el campo de análisis de este post. En principio me había basado sólo en los journals, y no había tenido en cuenta los libros por no ser el medio de publicación directa de resultados científicos. Como muy bien dices, los libros científicos suelen ser compendios de conocimiento antes publicado en “papers”.

    En breve sacaré un post con una “propuesta” que creo que sería viable para los “papers” el mundo científico (a lo mejor me equivoco). En unos días la cuelgo…

  4. Quevedin comentaba que:

    Hombre, lo de los precios estratosféricos depende… la APS cobra 35 US$ por journal al año por subscripción digital a título individual; Nature alrededor de 60-100 Euros… Las subscripciones caras son las de ’sitio entero’: universidad y similar… Otros editores (elsevier era un ejemplo) ofrecían paquetes con un montón de revistas para distintas áreas…

  5. Quevedin comentaba que:

    Hombre, la alternativa existe, el ejemplo son arxiv.org o PLOS… otra cosa es que no entren en tus definiciones de ‘libre’, pero no te cobran por bajar papers, y al menos en el caso de arxiv se puede subir libremente…

  6. Sombra Digital (otro nudo en la Red) » Fraude Científico comentaba que:

    […] Por otra parte se cuestiona la profesionalidad con la que los editores científicos investigan los trabajos de gran envergadura, de índole revolucionaria como es el caso, siguiendo la tendencia general de ser rápidos en publicar lo que lo está siendo en otros medios, política cuestionada por otros investigadores que prefieren ser mas cuatos, motivo por el que se les achaca de "conservadores". Como comentaba Enrique en su interesantísmo post, el funcionamiento de estas publicaciones presenta características muy curiosas. Lo cierto es que la idea de fraude en la ciencia es repulsiva. Prácticamente es un artículo de fé entre los miembros de la comunidad científica el confiar en la honradez de sus colegas. Pueden pensar que son estravagantes, prepotentes, pero no que falten a la verdad en forma deliberada. La ciencia constituye un sistema organizado cuyo objetivo es la comprensión de la naturaleza y cuyo producto es el conocimiento. Este conocimiento difiere de otras formas de conocimiento en cuatro propiedades bien definidas: […]

  7. sombra digital » Fraude Científico comentaba que:

    […] Por otra parte se cuestiona la profesionalidad con la que los editores científicos investigan los trabajos de gran envergadura, de índole revolucionaria como es el caso, siguiendo la tendencia general de ser rápidos en publicar lo que lo está siendo en otros medios, política cuestionada por otros investigadores que prefieren ser mas cuatos, motivo por el que se les achaca de "conservadores". Como comentaba Enrique en su interesantísmo post, el funcionamiento de estas publicaciones presenta características muy curiosas. Lo cierto es que la idea de fraude en la ciencia es repulsiva. Prácticamente es un artículo de fé entre los miembros de la comunidad científica el confiar en la honradez de sus colegas. Pueden pensar que son estravagantes, prepotentes, pero no que falten a la verdad en forma deliberada. La ciencia constituye un sistema organizado cuyo objetivo es la comprensión de la naturaleza y cuyo producto es el conocimiento. Este conocimiento difiere de otras formas de conocimiento en cuatro propiedades bien definidas: […]