Los chistes y la cultura libre
La semana pasada estaba en casa de Pere Quintana, en Toulouse, y mientras yo navegava con mi portátil él se giró y dijo algo así como: “ya lo tengo, los chistes son libres“. Y esa frase, aunque diga algo obvio, me pareció absolutamente genial. El lunes pasado Pere publicó un post en su blog sobre la cultura libre y los chistes. Algunas frases del artículo dicen así:
El mundo de los chistes es muy interesante porque es un mundo libre: todo el mundo encuentra fantástico que la gente recoja chistes de aquí y de allá y los vuelva a contar iguales o con las modificaciones que el narrador crea oportunas.[...]
[...]la aportación artística más importante la hace la persona que cuenta el chiste. Copiar chistes está muy bien visto porque el que lo explica tiene que hacer una gran aportación a la obra final. Eso nos demuestra que la aportación de valor a una obra ya existente, es decir, la creación de obras derivadas, está bien vista por la sociedad, ya que sabe que aporta un beneficio común.[...]
[...]Para poder añadir el adjetivo libre a una obra, se debe permitir que se pueda añadir valor a la obra original, es decir, se debe permitir que la obra pueda ser modificada. La libre distribución también es importante y necesaria, pero no creo que sea tan central como la posibilidad de crear obras derivadas.[...]
Después, Pere nos cuenta por qué cree que las licencias Creative Commons en realidad le hacen un flaco favor a la cultura libre. Tan sólo una de ellas incluye la cláusula vírica, la que permite copiar, modificar y redistribuir la obra garantizando que, en el futuro, la obra y sus derivadas serán siempre libres.
Y es que esta es una verdad como un templo: sin obras derivadas no hay cultura libre. Por eso, entre otras cosas, las Creative Commons no nos sirven.

Tira cómica de Dilbert






Enrique Gómez 2005