Las comparaciones son odiosas
Los antihéroes políticos del 13-M, es decir, Rajoy, Aznar, Zaplana y Acebes, están empeñados en realizar comparaciones entre el 11-M y el 7-J. Pero, evidentemente, estas no se centran ni en las razones de los atentados, ni en analizar los porqués, ni en discutir las medidas a tomar, ni en tratar de entender las claves sociológicas de los atentados.
Todas las comparaciones de este grupo se basan en acusar al PSOE de utilizar poíticamente los atentados para llegar al poder. Y claro, las comparaciones son odiosas. Dice Rajoy que la actitud de la oposición en el Reino Unido ha sido de apoyo al gobierno, mientras que en España fue de acoso y derribo. Pero nos podemos preguntar: ¿cuál ha sido la actitud del premier Blair con respecto a los atentados y la oposición?: No se ha precipitado a suministrar información falsa o no verificada a la opinión pública, no ha presionado a los medios de comunicación para que dieran informaciones que a él le interesaban y no ha telefoneado a los presidentes de otros países para crear una opinión internacional favorable a su gestión. Y, por supuesto, a Blair ni se le ha pasado por la cabeza en ningún momento pensar que en la autoría del IRA. Sin embargo muchos dirigentes populares siguen empeñados a día de hoy en que ETA tuvo algo que ver en el 11-M.
Hay que recordar que los partidos de la oposición en España se limitaron a permanecer pasivos y a esperar que el cuarteto genovés se hiciera el harakiri político. Por el contrario, el gobierno del PP en aquel momento utilizó toda su artillería para ganar las elecciones (incluída la contraprogramación de la película Asesinato en Febrero el sábado 13 por la noche). Al final, el cabreo generalizado hizo que miles de personas acorralaran a Rajoy en su castillo de Génova, y este apareció ante los electores dando una imagen de debilidad y de perdedor. Y perdió.
Muchas veces admiro ese saber estar de los británicos, su respeto por sus conciudadanos y la confianza que tienen en su sistema de libertades. Mientras en España manejamos las cifras de muertos como si estuviéramos en el bingo, allí no dan números hasta tenerlo todo claro. Cuando aquí el morbo nos puede y publicamos en televisiones y periódicos imágenes de cuerpos mutilados, piernas, brazos y sangre, los británicos sólo muestran imágenes blancas. Y sobretodo, mientras aquí gritamos “¡queremos saber!” allí todos mantienen un escrupuloso respeto a las labores de investigación de sus fuerzas de seguridad. Será porque ellos se pueden fiar de sus gobiernos y nosotros no. En el fondo no nos fiamos ni de nosotros mismos. 






Enrique Gómez 2005