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Asimilación, multiculturalismo y mestizaje

Clasificado bajo: General — admin a las 11:15 pm el Martes, Octubre 5, 2004

La llegada masiva a Europa de personas de otros países plantea el problema de la integración, de cómo se adaptan los ciudadanos autóctonos al desembarco masivo de los alóctonos, y estos a su nuevo destino.

La sociedad europea, que se ha tenido que enfrentar a la nueva situación antes que nosotros, ha ensayado dos modelos que han funcionado parcialmente, pero que también han generado muchos problemas, a tenor del auge de guetos y de las grandes diferencias laborales, económicas y educativas entre los viejos y los nuevos europeos.

· Asimilación

El republicanismo francés nos ha mostrado cuáles son las consecuencias de su modelo de integración: la asimilación. Esta consiste en que los extranjeros son bienvenidos siempre y cuando acepten y asuman como propia la cultura, el idioma y los valores del país de acogida. El país de destino, en el caso que nos ocupa Francia, les otorga la nacionalidad y destina grandes recursos a asimilarlos: educación pública de calidad, inmersión lingüística y cultural, etc. Si los inmigrantes asumen como propios los valores de la republique y renuncian en gran parte a los suyos el país los acoge. Pero, ¿qué ocurre si un grupo no asume esos valores casi-obligatorios?. Lo más probable es que esa comunidad se aísle en un gueto y trate de seguir viviendo con las costumbres y cultura de su lugar de origen.

En Francia hay muchos casos de guetos y de comunidades no integradas. En España tenemos nuestro propio caso de modelo de integración asimilativo: Cataluña. En este caso la inmigración históricamente ha venido de zonas con una cultura y un idioma en parte diferentes, pero a la vez cercanos. Y aun tratándose del mismo Estado, en Cataluña se encuentran muchos guetos de charnegos no catalanizados que 30 o 40 años después de su llegada siguen viviendo bajo su propia cultura en barriadas del cinturón industrial de Barcelona. Para integrarse en Cataluña hay que “catalanizarse”, al igual que para integrarse en Francia hay que “francesizarse”, aunque a uno no le guste.

El modelo de asimilación busca mantener una identidad común, colectiva, asumida por todos los ciudadanos, y si acaso con pequeñas aportaciones menores al tronco común.

· Multiculturalismo

Esta probablemente sea una de las palabras utilizadas con mayor devoción por la partitocracia europea, y al final su resultado se está revelando bastante desastroso. Bajo el confuso término de la tolerancia se incentiva a los ciudadanos a vivir en su comunidad y a tolerar a las otras comunidades. En algunos países, como en Alemania, ni siquiera se otorga la nacionalidad a los inmigrantes. Las consecuencias del multiculturalismo son la formación de guetos difícilmente permeables, las políticas para comunidades concretas (para latinos, para africanos, para paquistaníes…) y las grandes diferencias económicas y de poder entre unas comunidades y otras. Un ejemplo de país con un gran grado de multiculturalismo puede ser Holanda.

Uno de los grandes problemas del multiculturalismo es el reconocimiento a los líderes tribales (o de comunidades) como interlocutores con las otras comunidades o con el propio Estado. Esto otorga un poder y un control a estos líderes sobre sus comunidades, que hace que siempre estén interesados en mantener el status quo, para lo que deben fomentar las diferencias entre los grupos, evitar la mezcla y reforzar la identidad de su comunidad.

En resumen, en el multiculturalismo cada ciudadano asume una identidad, la de su comunidad. Esta identidad es colectiva y el Estado se compone de varias identidades (o comunidades).

· Mestizaje

Ante los modelos de integración del viejo paradigma surge un nuevo modelo que en parte ya se ha ensayado en algunos sitios: el mestizaje. Esta es una palabra también confusa, que quizá tenga una carga biológica demasiado grande, pero que también se puede utilizar en su vertiente cultural.

La globalización, el rápido desarrollo tecnológico, la irrupción de las redes, y las crisis del Estado-nación y de los nacionalismos como formadores de identidad, producen los primeros ciudadanos sin una identidad clara. Son personas que no son ni de un sitio ni de otro, con pinceladas de varias culturas y que buscan una (o varias) identidades individuales. El mestizaje es el único modelo que minimiza el gueto y trata de enfrentarse a él, y que se adapta a la esencia de la globalización y a la revolución tecnológica.

Un ejemplo claro de los efectos positivos de las nuevas culturas mestizas son los inmigrantes euro-árabes, que ilustra con gran maestría David de Ugarte en su artículo Cómo los inmigrantes árabes están globalizando la democracia, debilitando las bases del integrismo y llevando a la Europa mediterránea a un nuevo Renacimiento. La aparición de nuevos europeos con una cultura mestiza euro-árabe está generando efectos positivos tanto en Europa como en el Norte de África, y está poniendo en peligro a las anquilosadas estructuras sociales magrebíes, que se ven obligadas a reaccionar mediante el integrismo yihadista por un lado y la censura a los nuevos modernos por el otro.

Evidentemente en la realidad estos modelos no son estancos, ni fácilmente reconocibles, ni por supuesto absolutos, sino relativos y difusos. En el fondo tampoco son fácilmente aplicables por un gobierno o por un ayuntamiento, que son los que a la postre tienen que tratar los problemas. Pero sí que se puede tender más o menos hacia un modelo general de mestizaje cultural, no forzando a los ciudadanos a asumir una identidad bajo riesgo de exclusión (que es lo que hace la asimilación), ni reconociendo a líderes o encasillando a las personas en la identidad colectiva de su comunidad racial (que es lo que produce el multiculturalismo). También se puede favorecer la mezcla cultural evitando el gueto, y quizá la escuela sea el mejor punto de encuentro entre los nuevos ciudadanos, el lugar donde se encuentren las culturas y donde se forjen nuevas y dispersas identidades mestizas.

Ya lo dijo Jordi Pujol: el mestizaje acabará con la cultura catalana. Y no acabará sólo con la catalana, sino también con la española, con la francesa y con la marroquí. El mestizaje las transformará y producirá no una, sino muchas identidades nuevas. Será el mejor ejemplo de que los mitos de la era industrial van cayendo poco a poco.

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