Archivo de la Corona de Aragón: el peligro del monopolio catalán
El gobierno de CiU se caracterizó por aplicar, en muchas ocasiones, una política de “lo mío es mío y lo tuyo es mío también“, labrándose así un aúrea de antipatía principalmente acusada en las comunidades más cercanas geográfica y culturalmente: Baleares, País Valenciano y Aragón. Parece bastante claro que el gobierno tripartito de Maragall decidió desde su fundación continuar por esa senda y seguir potenciando las diferencias entre unos ciudadanos y otros, e imponer su criterio y su versión de la Historia a toda costa.
El nuevo estatuto catalán hace referencia al Archivo de la Corona de Aragón de una manera vaga y ambigua, que no esconde la intención de lograr un control total y exclusivo del Archivo por parte de la admnisitración catalana. El gobierno central, como ha afirmado recientemente la ministra de cultura, también apoya esas tesis. El Archivo se ubica en Barcelona, pero también podría haber estado en Teuel, Novelda, Palma o en cualquier otra ciudad de la antigua Corona. El hecho de que los documentos se encuentren físicamente allí no da derecho al gobierno de Cataluña para gestionar en exclusiva el archivo. Los gobiernos de Baleares, Valencia y Aragón deberían tener una participar igual a la catalana en su gestión.
A continuación les presento la opinión de una experta en el tema. El día 24 de abril apareció en la tribuna principal de opinión del Heraldo de Aragón un artículo de María Rivas Palá, titulado “Una historia compartida“. La autora es licenciada en filosofía y letras, funcionaria del cuerpo de archiveros del Estado y cuenta con más de tres décadas de experiencia en la gestión de archivos históricos, desarrollada principalmente en Aragón. Y como además es mi madre, me ha autorizado a que publique el artículo en esta bitácora. Espero que les guste y que a partir de su lectura comprendan mejor el punto de vista de los profesionales en este asunto.
UNA HISTORIA COMPARTIDA
Tiene razón el director de HERALDO cuando dice que no se puede dejar de hablar del Archivo de la Corona de Aragón. Aunque ubicado en Barcelona, guarda parte de nuestra historia, compartida durante cientos de años con otros territorios que hoy forman parte del Estado español: los reinos de Valencia y Mallorca y el condado de Barcelona que vino a abarcar Cataluña.
Los nacionalistas catalanes, apoyados por el gobierno de Maragall, han dado mucha importancia al futuro del Archivo en la redacción del nuevo Estatuto de Cataluña. Hace tiempo que comprendieron que los archivos -los documentos que guardan- forman parte de las señas de identidad de un pueblo; por eso su horizonte final es recibir la titularidad y el control total del Archivo de la Corona de Aragón.
Las referencias al Archivo, desplazadas ahora a una disposición adicional del Estatuto, son un ejemplo de redacción confusa y poco clara que, de momento, satisface a los nacionalistas catalanes, pues seguramente piensan que les deja un amplio margen de maniobra. La redacción no es buena porque es ambigua: no se sabe con precisión qué quiere decir exactamente que los fondos de Cataluña se integran en el “sistema de archivos de Cataluña”. Es, además, peligrosa, porque incorpora los llamados “fondos catalanes” al sistema de archivos de Cataluña sin haber identificado previamente tales fondos.
La estrategia nacionalista comienza por crear una confusión terminológica, haciendo creer que lo que denominan Archivo Real es algo diferente del Archivo de la Corona de Aragón. Lo que hoy conocemos como Archivo de la Corona de Aragón se fundó en 1318 por el rey Jaime II, con la misión de conservar los documentos de la Cancillería Real y los de su tesorero, el maestre racional. El nombre de Archivo de la Corona de Aragón se usa al menos desde 1731 por el propio centro, aunque es cierto que en algún documento anterior se menciona la expresión “archivo real”, siempre entendido como el archivo del rey, no del reino. Los historiadores catalanes no propondrían la vuelta a una denominación que no se usa hace cientos de años, digamos la verdad, si no fuera para eliminar del nombre cualquier referencia a Aragón.
Afirmar que la mayoría de los documentos del Archivo son catalanes y generados en Barcelona es una grave falta de información. La sección más importante del Archivo y la que le dio origen es la de Cancillería Real que reúne, en 7.000 volúmenes, cerca de cuatro millones de documentos. Éstos se refieren a todos los territorios de la Corona y son inseparables de sus volúmenes, que forman unidades indivisibles.
Otros fondos del Archivo, como los de Real Patrimonio o los del Consejo Supremo de Aragón, creado en 1494, son también fundamentales para comprender la historia de los demás reinos, condados y territorios unidos bajo la autoridad real. Por no mencionar el archivo de los Condes de Sástago, el de la Castellanía de Amposta de la Orden de San Juan de Jerusalén -con competencias sobre Aragón y Cataluña-, los libros de acuerdos del Ayuntamiento de Villanueva de la Cañada (Teruel) o los sellos, mapas, planos y pleitos de hidalguía de Aragón conservados en la Sección de Diversos, todos vinculados a instituciones aragonesas.
El Archivo se ubicó en Barcelona por razones administrativas, como explicó Rafael Conde, brillante archivero valenciano que fue su director. Antes de 1318, los documentos reales se guardaron en diversos lugares, entre otros, en los monasterios aragoneses de Sigena y San Juan de la Peña. El hecho de que el Archivo se sitúe físicamente en la actual Comunidad Autónoma de Cataluña no significa que le pertenezca en exclusiva.
Un Archivo con 800 años de historia ha pasado por tantas vicisitudes, traslados e ingresos de documentación que hoy sería totalmente artificial empezar a desmembrarlo, además de técnicamente absurdo. Y respecto a su gestión y titularidad, la pretensión de integrarlo en el sistema de archivos de Cataluña implica una grave injusticia con el resto de las Comunidades Autónomas que formaron parte de la Corona de Aragón, pues les privaría de su legítimo derecho de participar en igualdad de condiciones en la gestión de un patrimonio que les es común. Es una triste ironía que algo que nos debería unir, como es nuestro pasado conjunto, sirva de arma arrojadiza para señalar diferencias y preeminencias.
La titularidad del Archivo y su unidad no pueden ser objeto de negociación ni moneda de cambio en el proceso de renovación estatutaria. Los aragoneses no podemos conformarnos con la redacción menos mala posible, sino que tenemos que defender, a través de nuestro Gobierno, la que mantenga íntegro nuestro derecho a participar en la gestión de los fondos del Archivo.
María Rivas Palá, archivera







Enrique Gómez 2005
Abril 28th, 2006 a las 15:14
Joder, son tontos.
En Baleares nos pasamos el día luchando por el catalán y su unidad y cada vez que los nacionalistas de “barretina” hacen de las suyas, el catalán pierde unos cuantos hablantes y la história deformada de la derecha nacionalista española gana unos cuantos adeptos. Entre unos y otros no quedaremos con nada :’(
Abril 28th, 2006 a las 15:46
Desde luego por esta vía la Generalitat nunca conseguirá caer bien en Aragón. Y eso que ahora tenemos a un presidente aragonés catalanoparlante y del mismo partido que Maragall…
Junio 1st, 2006 a las 4:16
Mi más sincera felicitación, a esa gran profesional (tu madre). Me ha gustado mucho el artículo, no sólo por su contenido sino también por ese estilo de dar argumentos no extraídos de las vísceras que ahora tanto se estila en la política. Supongo que del debate político ahora se hurtan los razonamientos serios, científicos y con base racional, entre otras cosas porque cada vez tenemos políticos menos preparados. Esto último resulta especialmente sangrante cuando salen a relucir las personas que de verdad deberían guiar con sus argumentos el debate en estos temas. Lamentablemente, estamos gobernados por políticos sin formación que además tienen la arrogancia del ignorante y piensan que pueden prescindir de los expertos. Me alegra que aún quede gente preparada que debata con argumentos.