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¿Es usted progresista?

Clasificado bajo: General — admin a las 11:00 pm el Miércoles, Junio 22, 2005

Creo no equivocarme si digo que la mayoría de las personas responderían afirmativamente a esta cuestión. Pero si fuésemos preguntando a cada uno sobre qué entiende por progreso nos llevaríamos muchas sorpresas. Yo personalmente asociaría la palabra progreso a ideas como:

- otorgar un valor a todo lo que ha ocurrido hasta ahora. Es necesario valorar la Historia (acumulación de experiencias de la humanidad) para realizar cualquier comparación

- la aceptación de los avances tecnológicos y del crecimiento económico

- la confianza en la ciencia por encima de la religión

- la convicción de que las sociedades occidentales han aportado los sistemas sociales más perfectos hasta ahora, aun con todos sus fallos

- emancipación, desarrollo personal, mejores cualidades de vida

- libertad individual y colectiva

- dominio del hombre sobre la Naturaleza

- un aumento de la complejidad del mundo

Utilizando estas ideas y comparándolas con el comportamiento de la gente afirmaría que muchos individuos que se autoconsideran partidarios del progreso para mí no lo son. Podemos observar como incluso muchos movimientos autodenominados progresistas recelan de los avances económicos y tecnológicos.

David de Ugarte hace un año escribió: “La Sociedad Red es el producto de un deicidio en serie. Han ido cayendo los dioses de la Naturaleza y los de la Historia. Ya ni siquiera creemos en el progreso como destino. Conforme nos hemos ido emancipando del tacto de la producción física, conforme nuestra vida se ha ido “virtualizando”, menos hemos necesitado a los dioses en nuestra vida cotidiana. Más hemos sufrido la carga de nuestra humana responsabilidad. Por eso la tecnofobia refleja esa culpa deicida“.

Atendiendo a lo que entiendo por progreso y a la idea de David sólo consideraría progresistas a las personas que no temen a esa emancipación y que están dispuestas a cargar con esa responsabilidad. Pero claro, progresista es un término que ya tiene un significado.

Mirando más hacia Ucrania y menos al Elíseo

Clasificado bajo: General — admin a las 11:00 pm el Lunes, Junio 6, 2005

Tras dos meses de ausencia como blogger por motivos varios, vuelvo a la carga para comentar el no francés al tratado constitucional de la Unión Europea.

Cuando tuvo lugar el referéndum en España no llegué a publicar unas líneas que había escrito explicando por qué había decidido no ir a votar. En aquella ocasión me sentía decepcionado fundamentalmente porque consideraba que como ciudadano mi gobierno me estaba tomando el pelo: decidieron preguntar la opinión de los electores sobre un texto pesado e ininteligible, gastaron millones de euros de todos nosotros para explicarnos la Constitución (¿recuerdan aquel “Sí a Europa”?), el referéndum no era vinculante y el texto contenía algunas joyas inaceptables: es prácticamente imposible de modificar, no respeta la separación de poderes y sobretodo perpetúa una idea de Europa basada en el modelo francés de “aglomerado de estados-nación” bajo un régimen de despotismo ilustrado sin ilustres y con ideales propios del Siglo XX.

En aquel momento los españoles, aun sin conocer el texto ni sus consecuencias, siguieron las recomendaciones de ZP y Pepe Borrell y los pocos que fueron a votar lo hicieron afirmativamente bajo la amenaza de un apocalipsis político para España si rechazábamos el tratado.

Francia sin embargo es un país muy diferente, con una cultura democrática mucho más profunda que la nuestra y con una mayor exigencia sobre su clase política. A estas alturas ya no sorprende a nadie la comparación en los debates sobre la Constitución en ambos países: mientras en Francia Chirac se enfrentaba en televisión a jóvenes preparados que lo llevaron a mil encerronas, en España los debates eran del calibre del ponente Borrell por el sí contra Lucía Etxebarría (gran politóloga e intelectual donde las haya) por el no. No es de extrañar que Francia, un país donde el debate ha llegado a la calle y en el que ha votado más de un 70% del censo, haya rechazado el farragoso e interminable tratado constitucional, aun siendo este un reflejo de su modelo político.

Pero me cuesta ser optimista a pesar de que los europeos estemos rechazando este modelo de Unión que nos quieren colar los eurócratas. Ahora se abrirá un periodo de redefinición, la clase política tratará de volver a construir un tratado con vistas a una ratificación más segura. Pero es muy improbable que cambien el enfoque, porque de las instituciones de Bruselas solo puede salir una Europa burocrática y déspota. Por desgracia nuestra clase política va unos años por detrás de la sociedad. Mientras la nueva Europa mira hacia las revoluciones de colores con la ilusión de un trabajador polaco en Hamburgo o de un comerciante paquistaní en Barcelona, mientras hay una nueva Europa capaz de derribar gobiernos mafiosos en la antiguas repúblicas soviéticas, mientras los euroárabes llevan al mediterráneo africano nuevos aires de libertad y mientras los blogs y las parabólicas transmiten los nuevos mitos y valores, la clase política europea está anclada en el S. XX. Si lo que quieren es que la próxima vez todo salga bien deberían mirar más hacia Ucrania y menos hacia el Elíseo.

 
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